Poco brillo hoy. El partido entre España y Arabia Saudita sólo sirvió para que Aragonés probara al equipo B, donde los europeos vencieron con algunas dificultades a un débil rival, aunque, eso sí, ratificando su condición de favorito.
El "Ángel" y el "Niño" salvaron a España de lo que hubiera sido la debacle. Una derrota ante Túnez complicaba la clasificación, pero peor aún era volver a ser vistos como los "arrugones" del fútbol Mundial. Afortunadamente para los ibéricos, sus figuras despertaron a tiempo y aseguraron su paso a octavos de final.
Corría el segundo tiempo y, de pronto, Puyol pibotea para el "Niño" Torres, quien con potente remate vence al golero ucraniano y sentencia el partido. La cuenta: 4-0. Minutos después, el árbitro pita el final y se desata la alegría de los ibéricos, firmando el mejor debut de una selección española en un Mundial.
Jamás olvidaré mi primera cita con Andriy Shevchenko en Alemania. A pesar de que llegué 30 minutos atrasado (como buen chileno), el astro europeo no se alteró. Me excusé rápidamente, metiendo la "mula" de que había taco y que por eso la micro se demoró, a lo que Schevchenko respondió con una cara de "éste cree que soy pajarón", pero con una sonrisa de buena onda.
No hay nada peor que dar jugo durante un partido importante y ser la vergüenza del equipo. Obviamente, todos acuden al compañerismo y nadie te dice que por tu culpa están perdiendo, aunque por dentro varios ya se han acordado "cariñosamente" de ti y toda tu familia.
A pocos días del Mundial, estoy casi como el Kike Morandé pensando qué hacer para aumentar el interés por mi grupo, después de ver que no motiva a nadie por ser "predecible y fome".
Para empezar, tengo que explicar que eso fue lo primero que me dijo un amigo cuando le conté cuál era mi grupo, con una cara de "no cacho na' compadre", que me hizo ver que mis equipos no eran de lo más populares.
Pero bueno... hecha ya la aclaración, vamos a lo que nos convoca.